Un QR, no una tarjeta más
El socio muestra su código en caja y el POS suma o descuenta. Sin plástico que se pierde, sin app de tienda que nadie instala, sin preguntarle el DNI a cada persona en la fila.
Puntos que salen del consumo real, beneficios que llegan a quien corresponde, gift cards y reservas en un toque. Y algo que no es un detalle: el club se llama como tu negocio, no como nosotros.
El nombre, el color, el ícono, el dominio — y hasta cómo se llaman los puntos y los niveles. Tu cliente abre Parri Club, no una app de un proveedor. Son reproducciones de las pantallas, con datos inventados.

Si en tu parrilla los puntos son «brasas» y los socios son «parrilleros», así se llaman en toda la app. Los niveles los nombrás vos — Chispa, Brasa, Fuego, Leyenda— y también decidís cuánto vale cada sol, cuándo vencen los puntos y qué multiplica cada nivel.
Una parrilla, una cafetería y un gimnasio. Es la misma pieza de software: lo único que cambia es la configuración. Ninguno de los tres tiene por qué saber que abajo corre JunQo.

Cada club tiene su dominio propio —club.laparri.pe, club.cafenorte.pe—, su paleta, su vocabulario y sus premios. Si sos una cadena con varias marcas, cada una puede tener su club sin mezclarse con las demás.
Se abre en el navegador del teléfono y se agrega a la pantalla de inicio. Sin pasar por ninguna tienda, sin plástico, sin que nadie tenga que actualizar nada.

La tarjeta dice cuánto tiene, en qué nivel está y cuánto le falta para el siguiente — que es lo que hace que vuelva. Los canjes que todavía no alcanza se ven en gris con lo que le falta, no escondidos: la meta visible es la mitad del programa.
Día, hora y personas contra el salón real. Lo que no hay, no se puede elegir. Y la reserva cumplida suma más puntos que la visita suelta.

Si alguien reservó tres veces lo mismo —Miraflores, sábado, 21:00, cuatro personas—, el botón se lo ofrece hecho. Los horarios sin mesa aparecen en gris porque se miran contra el salón, así que nadie reserva algo que no existe ni espera un «te confirmo».
Una campaña es un segmento más un beneficio. El segmento no lo armás a mano: sale del consumo que el sistema ya tiene.

Cada campaña muestra a cuántos llegó, cuántos canjearon y qué conversión tuvo. «Volvé a Barranco» le habla solo a los socios de Barranco que no van hace 60 días. Arriba, el número que decide si el programa sirve: cuánto más gasta un socio que alguien que no lo es.
En vez de treinta consumos sueltos y treinta boletas, un convenio: la empresa carga saldo, lo reparte entre su gente y vos le facturás a ella.

Cada colaborador consume con su propio código, con el tope que le asignó su empresa. Vos ves cuánto queda de cada convenio y cuándo hay que recargar — el que está al 97% es una venta que te avisa sola.
El socio muestra su código en caja y el POS suma o descuenta. Sin plástico que se pierde, sin app de tienda que nadie instala, sin preguntarle el DNI a cada persona en la fila.
No se cargan a mano ni dependen de que el mozo se acuerde: salen de la venta que ya registró el sistema. Y lo que se canjea también baja de ahí.
Quién no viene hace 60 días, quién cumple años este mes, quién solo va a un local. El corte sale del consumo que ya tenés — no de una planilla que alguien mantiene aparte.
Elige día, hora y personas contra el salón real, y confirma. Lo que no hay, no aparece disponible. Y la reserva cumplida suma puntos, que es lo que hace que la use.
Se compran desde el mismo lugar y llegan por WhatsApp con su QR. Quien la recibe entra al club sin haber pisado el local todavía.
Una empresa carga saldo y lo reparte entre su gente. Cada colaborador consume con su propio código y vos emitís una factura, no cuarenta.
Un programa de fidelidad falla cuando los puntos dependen de que alguien los cargue. Acá no: la venta la registra JunQo POS, y de ahí salen los puntos, el nivel y el segmento. La reserva se apoya en el salón que ya vive en JunQo Gestión. Por eso Club no es una app aparte — es la capa que le habla a tu cliente con lo que el sistema ya sabe.
Ver JunQo POS →Si no sabés la respuesta, ese es exactamente el problema. Contanos cómo hacés hoy para que la gente vuelva. Si esto no te mejora ese número, te lo decimos.
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