Nadie entra solo
No hay registro abierto: alguien de tu equipo emite la invitación y esa es la única puerta. El token de la invitación ni siquiera se guarda en claro, y vence.
El local nuevo, la cámara de frío, el contenedor de carne. Los financiás con gente que ya te conoce — y que en vez de pedirte un Excel por WhatsApp entra a un lugar donde ve cuánto puso, cuánto rinde y cuándo cobra.
No es una lista de números: cada proyecto tiene su historia, su meta, su tasa estimada y cuánto lleva captado. Son reproducciones de las pantallas, con montos y nombres inventados.

Cada tarjeta dice cuánto se lleva captado sobre la meta, cuándo cierra y desde cuánto se puede entrar. Un partner que abre la plataforma un domingo ve el estado real, no el que alguien le contó el jueves.
El partner escribe un monto y ve, en la misma pantalla, cuánto capital pone, cuánto rendiría y cuál sería el total. Sin fórmulas en un mensaje ni promesas de memoria.

«No es un rendimiento garantizado» está escrito ahí, no escondido en unos términos. Y hay una cosa que sí es un compromiso: la tasa se fija al invertir. Si después cambiás el APY del proyecto, esa inversión conserva la suya. Debajo, los tiempos reales de cada riel de fondeo — porque la inversión es instantánea, pero el dinero tardó en llegar.
Su saldo, en qué está invertido, a qué tasa, y todo lo que se movió. La pregunta «¿cómo viene lo mío?» deja de llegarte por mensaje un sábado.

El saldo separa lo reservado en retiros de lo disponible, así que nadie cuenta dos veces la misma plata. Cada inversión muestra su estado — confirmada, en verificación, devuelta — y arriba, el interruptor REAL / DEMO: la billetera de práctica existe para que se equivoquen sin costo.
Transferencia a tus cuentas, con el comprobante adjunto y la verificación de tu tesorería. O USDC, que se acredita solo verificando la transacción en la cadena.

El partner transfiere en su moneda y sube el comprobante; el saldo no se acredita al enviarlo, queda pendiente hasta que alguien tuyo lo concilie contra el extracto. Por el lado cripto se aceptan USDC: se pega el hash, se verifica en la cadena y se acredita el monto que dice la transacción — no el que declaró el partner. Y solo si salió de la wallet que tiene vinculada.
Publicar un proyecto, aprobar fichas, verificar depósitos, pagar retiros, invitar gente y, al final, distribuir. Todo desde el mismo panel, sin tocar una planilla.

Cuando el proyecto cierra, «Distribuir retornos» acredita capital más interés a cada inversor confirmado, de una. Los proyectos ya distribuidos o en borrador no muestran ese botón: el sistema no te deja pagar dos veces ni pagar algo que todavía no empezó.
No hay registro abierto: alguien de tu equipo emite la invitación y esa es la única puerta. El token de la invitación ni siquiera se guarda en claro, y vence.
Cada ficha —documento, CCI, adjunto— la aprueba o rechaza tu gente desde el panel. Sin ficha aprobada no se invierte con dinero real, no se fondea y no se retira. Eso no se puede saltear.
Cada partner tiene una billetera DEMO además de la real. Prueba el flujo completo con dinero de mentira y entiende qué está por hacer antes de hacerlo.
El APY que tenía el proyecto en el momento de invertir es el que rige esa inversión. Si después subís o bajás la tasa del proyecto, las inversiones viejas conservan la suya.
Apenas se solicita, el monto queda reservado y no se puede volver a invertir. Se debita cuando Tesorería transfiere al CCI. No hay ventana para gastar dos veces la misma plata.
Si una inversión se cargó mal, se reversa: vuelve el saldo, la inversión queda anulada con su motivo y todo sigue estando. No se borra nada de la historia.
JunQo provee el software. Cada empresa gestiona su propio círculo privado de inversores: define a quién invita, qué proyectos publica, en qué condiciones y con qué respaldo. JunQo no capta fondos, no intermedia, no custodia dinero de terceros y no ofrece instrumentos de inversión. Las cuentas bancarias son de la empresa que usa la plataforma, los proyectos son suyos y la relación con cada partner también.
Tampoco hay mercado secundario ni garantía de repago: una inversión queda comprometida hasta el vencimiento del proyecto, y el retorno depende de cómo le vaya a ese proyecto. Eso está dicho en la propia pantalla donde se invierte, no acá abajo.
Si venís financiando proyectos con conocidos y lo llevás en un Excel y un grupo de WhatsApp, contanos cómo lo hacés hoy. Si esto no te ordena eso, te lo decimos.
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